Mundo ficciónIniciar sesiónCorinne.
Despierto con el corazón desbocado. La imagen de Jackson ensangrentado, levantándose del suelo para llevarme de vuelta, se repite de en mi mente como si hubiera pasado. Mi cuerpo se eriza y me acurruco bajo las cómodas sabanas de esta habitación, pensando en Nancy sin vida a mi lado. Debí dejar que la llevaran a ella. Giro el rostro a la derecha y veo a otra chica en su cama, llorando en silencio. Es Theressa. Tenía un poco menos de cuatro meses en la mansión con Jackson. Es callada, y nunca le había visto derramar una lágrima hasta ahora. A decir verdad es la única de todas las demás chicas que no parecía querer obtener ningún beneficio de Jackson o sus hombres. —¿Estás…? ¿Herida o algo? Mi voz sale como un susurro. Nunca le había hablado más que para pedirle que me pasara algo durante la comida. Theressa no se gira, se limpia las lágrimas. Como no me habla, me resigno. Me levanto de la cama recordando que la habitación tiene una ducha bien equipada, nos la mostró la señora que se llama Misha. Pero en cuanto tengo mis pies fríos en el suelo, el recuerdo del moreno ojiverde me hace detener. Es tan grande y fuerte que no le costó nada cargarme y llevarme al suelo fuera de la grava. No sé quién es, pero definitivamente no tiene aura de ser un abusador de mujeres, pero eso no significa que no sea peligroso. Suspiro, avanzo al baño y allí dentro me permito una ducha larga, pensando en lo que hare con mi vida de ahora en adelante. Si se supone que soy libre, entonces puedo salir de aquí y buscar la forma de… ¿De qué? No sé hacer nada más que cualquier actividad en el hogar y dejar que utilicen mi cuerpo como depósito de semen. Mis pensamientos van de allí hacia Nancy, y luego de nuevo al ojiverde. Si no sé qué hacer y quiero sobrevivir en este nuevo mundo debo portarme bien. Al salir de la ducha encuentro a Misha hablando con Theressa. —Es ropa de las otras chicas, también calzados. En cuanto tengamos tiempo, Danniel o Derek las llevarán de compras —nos dice, y luego mira la mesa de noche a mi lado, donde hay una bandeja con comida—. Coman algo, cuando estén listas pueden bajar a la primera planta, les diré dónde está la sala de entrenamiento. Theressa y yo asentimos. Misha se va y solo queda el silencio. Veo la ropa, que realmente me quedará grande, y entonces la rubia exhala. —Me quedaré con el pantalón y la camisa, usa el vestido, puedes ajustarlo. Me sorprende que me hable, pero asiento. Luego de eso comemos en silencio, y al terminar nos damos una mirada, pensando lo mismo. ¿Una sala de entrenamiento? Wow. Jackson solo nos mantenía en nuestras habitaciones con nuestros beneficios. Solo nos permitía salir para comer o cuando alguna viajaba con él. Salimos de la habitación tras colocarnos unas sandalias, unas que me quedan grandes, por cierto. Nos asombramos por la estructura blanca. La luz solar entra por el vidrio del techo, iluminando cada rincón. Hay flores en cada esquina, cuadros de animales y también huele a… algo de incienso. Me sorprende que esta sea la mansión de un… ¿Narco, traficante, mafioso, magnate? Ni siquiera sé lo que es. Al llegar al primer piso me permito mirar a la cara a todas las demás chicas de Jackson, pero estas parecen indiferentes a todo. Theressa se acerca un poco a mí, y lo agradezco. Un par de chicas sonrientes, que viven aquí ya, nos llevan a la sala de entrenamiento y allí pasamos gran parte de la mañana. Y aunque no dejo de temer por la noche, pensando en que alguno de los hombres entrará a mi habitación para exigir placer por salvarme, por primera vez en años, me permito disfrutar un momento al intentar jugar un videojuego. … Adolfo. Ya ha pasado el mediodía cuando me informan que después del almuerzo, la mayoría de las chicas viajas están en el jardín mientras que las nuevas han regresado a sus habitaciones, así que salgo de mi oficina. Cruzo la sala, la cocina, y tomo asiento en el taburete esperando la comida de Misha. No me gusta comer o compartir demasiado con las chicas. Algunas se hacen ideas equivocadas porque las he salvado, y no estoy interesado en ninguna mujer en el plano sexual o romántico. Tampoco creo que lo estaré algún día. Asiento hacia Misha por su exquisito plato de fideos. Danniel llega a mi lado a comer y los demás hombres también. —¿En dónde está Derek? —cuestiona Misha. —Se fue. Su gps dice que está fuera de la ciudad —murmuro. Danniel se atraganta. —¿Y lo dejó ir, jefe? No respondo a eso. Todos saben que ha ido a matar al padre de Nancy. Y no puedo detenerlo, solo lamento la vida que ahora tendrá su familia. —¿Así está bien, señora Misha? La voz a mis espaldas me tensa. Dejo de comer pero fijo mi vista en el plato. Lo próximo que escucho es a Misha llamándola “Corinne”, y diciéndole que si quiere ser su ayudante en la cocina, debe saber lo que nos gusta a cada uno. Corinne. Así la llamó Jackson. Es su verdadero nombre. Tengo que subir la mirada cuando Misha me nombra. —Y nuestro jefe, Adolfo… No tolera la comida de mar. La chica busca mi mirada, pero yo sigo comiendo, y asiento. —¿Hay alguna razón…? —cuestiona bajito, más para Misha que para mí. Tengo que verla. Su rostro entre nervioso y curioso me hace apretar el tenedor en mi mano mientras respondo. —Soy alérgico. —¿De verdad? Oh. ¿Cómo es que no sabíamos eso? —se queja Misha, y luego mis hombres. Corinne me da una sonrisa sutil, sin despegar su mirada chocolate de la mía. Lleva puesto un vestido de alguna otra chica, le queda grande. Está desnutrida, ahora lo veo. Necesita comer más. —No me lo habían preguntado —respondo, terminando mi plato. Entonces la chica avanza de inmediato al mesón, y me pide permiso con la mirada para llevárselo. Yo asiento una vez, ella toma el plato con sus frágiles manos y se gira, dejándome ver una parte de su espalda desnuda, pálida, sin marcas, delicada… La imagen de mí pasando la lengua por esa espalda y mi mano tocándola, inunda mi mente. Siento mis mejillas arder mientras mi corazón se detiene. Me cuesta respirar. —Jefe, ¿está bien? —cuestiona Danniel. Pero solo puedo tragar hondo y huir de allí, porque por alguna razón he imaginado eso y ahora siento una extraña presión en mis pantalones. Y todo, incluyendo sentirme así, está mal. Muy mal. Porque ella no está intentando provocarme, está mal sexualizarla tras todo lo que ha pasado, y además… No puedo tener esos pensamientos por nadie.






