Mundo ficciónIniciar sesiónAdolfo.
Mi pulso se acelera en cuanto subimos a la camioneta y Danniel arranca a toda velocidad. Derek está en la parte trasera con Nancy en sus brazos, mientras la chica de Jackson tiembla y llora en silencio. Nuestras miradas se encuentran y mi estómago se revuelve. Ambos sabemos que Nancy está muerta pero Derek no quiere aceptarlo. Demonios. Mantengo las manos apretando mis rodillas, también tengo sangre, de Nancy y de otros desgraciados. Al entrar en la mansión nos atacaron, pero ella ya yacía así en la habitación que la otra chica nos dijo. Mi suposición es que uno de los hombres de Jackson la abusó, ella se resistió, y terminó muerta… Mi cabeza de vueltas y el grito de rabia de Derek me eriza la piel. —¡Ve más rápido! —le grita a Danniel—. ¿Llamaste al doctor? No digo nada, solo asiento sin verlo. No quiero que pierda el control aquí dentro con esa chica tan asustada. Se supone que se iba a casar con Nancy poco después de que esta cumpliera sus 18 años. La conoció en una reunión con la familia Ortiz, latinos, su padre hizo el comentario de querer venderla a Randall Sabatini, hijo de un narco italiano, y Derek no pudo permitirlo, le ofreció un mejor trato. No estuve de acuerdo con su trato. Mis hombres tienen prohibido hacer este tipo de cosas. Estamos cansados de salvar chicas en manos de proxenetas y pedófilos, pero no eso. Sin embargo, cuando me explicó sus razones, terminé cediendo. Pero hace unos tres días nos enteramos de que el padre de Nancy, en medio de una negociación con un traficante de droga la semana pasada, la había vendido. No nos quiso decir quién era el traficante, al parecer tenía poder y le tenía miedo. Tuvo que decirnos después de yo diera la orden de hacer unas cuantas torturas. Pero no podíamos atacar a Jackson así como así, el tipo realmente era discreto con su ubicación, así que necesitábamos una distracción. La compra urgente de su mercancía. Y ahora estamos llegando a nuestro territorio. Derek baja casi corriendo con Nancy, la adentra a mi mansión, llevándola al ala de atención. Ya el doctor espera. —Jefe —me dicen por el radio—. ¿Llevamos a las chicas adentro? —Sí —respondo, y apago la conexión. Luego veo cómo las demás chicas son llevadas a mi mansión, son alrededor de ocho. Mantengo mi postura mientras giro el rostro hacia la chica que no deja de mirar fuera de la puerta, asustada. Una parte de su vestido suelto está manchado de sangre, me preocupo por un momento, pero recuerdo que Nancy estaba a su lado, y frunzo el ceño por mi pensamiento. —¿Quién es tu familia? Puedo llevarte de vuelta con ellos. Mi voz la saca de su trance. Sus ojos parpadean con pesadas lágrimas hacia mí. Se limpia la cara con una mano temblorosa, y sacude la cabeza. —Mi padre me vendió... Respiro mientras el peso de todo lo que pasa en este asqueroso mundo me cae en los hombros. —Las otras chicas, ¿tampoco tienen a dónde ir? Ella se alza de hombros. —No… No lo sé… No hablamos mucho. —¿Desde hace cuánto que estabas con Jackson? —D-Dos años… —¿Y qué edad tienes? —Veinte. Aprieto la mandíbula. Giro el rostro, y veo a Danniel sacudir la cabeza ligeramente. En serio odiamos a estos desgraciados. —Puedes vivir con nosotros hasta que encuentres tu camino. Nadie te hará daño, ¿entendido? Es lo que le digo siempre a todas las chicas, pero no sé por qué siento que con ella, realmente me aseguraré de que se cumpla. Hay algo en la forma en la que me mira, como con esperanza, o tal vez es el hecho de que… Nada. Abro la puerta de la camioneta y salgo. Abro la suya, pero cuando sus pies descalzos y algo sucios están por tocar la grava, la detengo. Ella me mira con expectación, y eso me hace cuestionar qué demonios estoy haciendo. Hago un ademán para que continúe. La chica baja, y en cuanto toca la grava su rostro se arruga. Le duele pisar las piedras. Es de lógica. Quiero caminar delante, hacerle un ademán a Danniel para que la vigile. Pero ella, como todas las otras chicas, fácilmente podría ser mi hermana. Y no dejaría que mi hermana camine descalza sobre la grava. Demonios. ¿Por qué no tenemos un maldito piso de cemento? —Te llevo. Y aunque está en contra de mis normas con estas chicas vulnerables, lo próximo que hago es inclinarme para pasar mis manos alrededor de su cintura y sus piernas, cargándola. El jadeo que suelta remueve algo extraño en mí. No aparto la mirada del camino mientras ella coloca sus manos temblorosas en mi cuello. Su contacto incómoda. Camino rápidamente hacia la entrada, y bajo con cuidado. Ella coloca los pies en el suelo y cuando se estira hacia arriba, nos vemos. Aparto la mirada y continúo con mi objetivo. Me abren la puerta y escucho el desastre en el ala de atención. Derek está destruyendo todo. Mi corazón late con miedo. Pero no sé si es porque temo perder a mi mejor amigo o por algo más… En el camino le pido a Misha, mi ama de llaves, que busque habitaciones para las chicas y las ayude en todo lo que pueda, y entonces bajo a nuestra sala de entrenamiento. Me quito toda la ropa del torso, y el primer golpe que doy a la pera de boxeo, me hace doler los nudillos. Pero no me importa. … Salgo de mi trance en la oficina cuando escucho disparos a la distancia. —¿Es Derek? —cuestiono a Danniel por el radio. —Sí, señor. Veo el reloj. Son las siete de la mañana. Ninguno ha logrado dormir nada y supongo que tampoco lo haremos hasta que llegue la noche de nuevo. Dejo los papeles a la carpeta, me abrocho la camisa y salgo de la oficina. Llego a la cocina, Misha me ofrece café y asiento. Luego le pido a Misha que les pida a las chicas viejas que lleven los desayunos de las chicas nuevas a sus habitaciones y les digan que, si quieren bajar, pueden ir a la sala de entretenimiento. Una vez que tomo el café salgo de la mansión para caminar hacia el campo de tiro. Veo a mi amigo, sin protectores ni nada, solo descargando las balas al horizonte. Siente mi presencia y se gira. Sus ojos están rojos como jamás los había visto. —Lo siento. —Lo veo apretar el arma en su mano, pero no me inmuto—. Debí darte el permiso de quebrar a su padre más rápido. Derek lo analiza por un segundo. —Siempre eres duro con esos infelices. ¿Por qué esperaste tanto? Pudimos negociar con Jackson mucho antes, pudimos detener que su hombre la… No lo termina, y de solo imaginar lo que pudo pasar Nancy, siento ganas de vomitar. —No creí que fuera necesario cortarle los dedos, Derek. Tiene una niña pequeña, su esposa embarazada… Creí que lo pensaría mejor. Derek suelta una risa agria. —¿Qué lo pensaría mejor? No dudó en vender a su hija a un traficante. ¿Cómo mierdas crees que esos tipos piensan “mejor”? En lugar de dar un paso hacia atrás cuando alza su arma y me apunta, avanzo. Derek desvía la mirada, se gira y termina de descargar el arma en el horizonte. El sonido de cada tiro es como un golpe a mi pecho. Y recuerdo a mi padre llega como todos los días a mi mente. Él tiene razón. Hombres como esos no merecen la oportunidad de pensar “mejor.”






