Capítulo 77. Infame obsesión.
El príncipe, con la farsa de la realeza pegada a su piel, cruzó las puertas de la casa de subastas. El mármol reluciente y los candelabros de cristal ocultaban una oscuridad que solo él conocía. Con voz fría, se dirigió al encargado, un hombre cuya sonrisa parecía tan falsa como la suya.
—Quiero llevar a una chica, preferiblemente de cabello rojo —espetó.
El hombre asintió mecánicamente, confirmando que sus deseos, por perversos que fueran, siempre se cumplirían. La rabia lo consumía por dentro