—¿Hola? ¿Zack? —cuestioné, restregando mis ojos.
Me acababa de despertar porque mi celular no paraba de sonar con el tono de llamada. A penas vi la hora y eran las seis de la mañana. ¿Por qué me llamó tan temprano?
—¡Oriana! Lamento haberte despertado, pero me preguntaba si nos podíamos reunir hoy en el café... —expresó, sonaba aturdido.
—Tengo que trabajar hoy, Zack. Además, no quiero volver a ver a mamá, al menos hasta que ordene mis pensamientos —le dije, en un bostezo.
—Por eso no te preocu