[ASLI]
11 de enero, 2020
Despierto antes que el sol termine de colarse por las cortinas. No sé exactamente qué hora es, pero mi cuerpo ya no quiere dormir. Intento abrazarme a la almohada, hundir el rostro en ella y engañar a mi mente para que se calle un rato más, pero es imposible.
Benicio duerme profundamente a mi lado. Su respiración es lenta, acompasada, ajena a cualquier tormenta. Envidio esa capacidad suya de desconectar del mundo. Anoche fue una locura: la gala, la propuesta, los aplaus