Evan
Mi boca baila con la suya en una sincronía tan perfecta que, a pesar de haber estado con otras mujeres, no recuerdo haber encontrado en ninguna este nivel de complicidad. Sofía enrolla sus brazos alrededor de mi cuello y deja salir un jadeo que me pone los vellos de punta cuando siento de lleno su dorso contra el mío.
«Ha crecido», reconozco solo para mí.
Mis manos se pierden bajo su falda, disfrutando de la suavidad de sus piernas y me dejo llevar por el deseo que me incita a enredarlas e