BRENIN
3 meses después.
Recorrí con ansias cada rincón de la tienda. Tenían de todo lo que uno podría elegir, en variedades de colores y formas.
–¿Qué podríamos llevar? –preguntó Antón.
–No lo sé –deslice la yema de mis dedos por una tela–. Hay muchas cosas.
–Debe ser algo único y lindo.
–Lo sé –suspire indeciso con tantas cosas a mi alcance.
Volví a recorrer una vez más y me detuve frente a un pequeño estante observando las piedras brillantes.
–¿Algo en lo que te pueda ayudar? –una voz femenin