Mundo de ficçãoIniciar sessãoIsabella
– Dios…. No pares, no pares. – gemí apretando la piel de sus caderas con mis manos enterrando mis uñas en ella.
Sus movimientos eran cada vez más rápidos, más bruscos, mas salvajes, justo como me gustaba. El cuarto olía a sexo y lo único que se escuchaba era el sonido de su pelvis chocando con la mía en conjunto de nuestros gemidos y jadeos.
– Mhh…– gemí nuevamente absorta por el placer que me daba – diosa….
Su rostro se acerco al mío mi







