El complejo era una fortaleza en los bosques de Rumania: muros desnudos, puertas de acero helado, y un vacío que goteaba como veneno.
Catalina se movía al anochecer, vestida con un uniforme oscuro de paramédica, adornado con insignias falsas. Se acercó al perímetro disfrazada como parte de una unidad de contención.
Aquello era *Bright Light*, un auténtico sitio negro de la CIA, conocido solo en raros documentos desclasificados por haber estado ubicado en Bucarest: un lugar al que trasladaban prisioneros por avión o tren privado, con apenas un puñado de funcionarios estadounidenses sabiendo su ubicación exacta.
Era una prisión no reconocida oficialmente, un rumor susurrado hasta que cables filtrados la situaron bajo bóvedas rumanas y cámaras de acero; Catalina había estudiado cada detalle en los registros interceptados que Isa había extraído de foros encriptados.
Se repetía que estaba lista. Preparada.
La noche anterior, Isa le había entregado una nota escrita a mano:
“Gir