PUNTO DE VISTA DE ISABELLA
El salón de baile resplandecía bajo un mar de luces doradas y sonrisas fingidas. Entré del brazo de Matteo, sintiéndome una impostora envuelta en seda negra. El satén se adhería a cada curva de mi cuerpo como una segunda piel. Con cada paso, la abertura del vestido se abría traicionera, y la delicada lencería sin entrepierna me recordaba cuán expuesta y húmeda estaba. El collar de diamantes alrededor de mi cuello pesaba como un grillete elegante.
Matteo apoyaba su man