CAPÍTULO CUARENTA Y UNO

¿Elara lo deseaba? ¿Era eso siquiera posible? ¿Cómo que Elara lo deseaba a él?

Él intentaba respirar mientras la miraba, como si estuviera soñando. Ella no acababa de decir eso, ¿verdad? No acababa de decirle que lo deseaba.

—¿Tú no? —preguntó ella, dejándolo fuera de combate—. Sí, por eso te he estado evitando. Realmente me molesta desearte de tantas formas posibles, pero sí... ¡maldición! Uh... no quería decirlo así, lo que quiero decirte es esto, Silas...

—Yo también te deseo —la interrumpió
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