—¿Hijos malditos? —Elara no podía creer lo que oía—. ¿Acabas de llamar malditos a unos niños? —preguntó tajante, con la voz tensándose—. ¿Un lobo nacido en este mundo llamando a otros malditos?
Calvin ni siquiera se inmutó. —Te estás alterando demasiado por esto, Alfa Elara…
—Te pedí que te fueras hace un momento —lo interrumpió ella de inmediato.
Su tono no dejaba espacio para la negociación. Porque si se permitía seguir escuchándolo, si dejaba que esa conversación se extendiera un segundo más