Finalmente pasaron dos duros y extenuantes días, llenos de implacables comentarios en los medios. La nación entera seguía en un frenesí, desgarrada por la narrativa de la supuesta hipocresía de Elara. Los rumores, las protestas y los debates interminables asfixiaban las ondas radiales, pero la espera por fin había terminado. Era el día en que ella estaba programada para llevar a cabo su conferencia de prensa y emitir una declaración oficial.
—¿Estás segura de que tienes que ir? —preguntó Silas