Corrió a ciegas por el largo pasillo tenuemente iluminado; su camisa desabrochada ondeaba detrás de él mientras sus pesados pasos resonaban contra las paredes. La fiebre rugía y su visión nadaba con manchas oscuras, pero la pura adrenalina de la huera mantenía sus piernas en movimiento. Tenía que alejarse del empalagoso aroma de ella.
De repente, lo sintió... su ciclo de celo.
Oh, no... ¿por qué ahora? ¿Por qué tiene que ser ahora? Un calor líquido inundó su bajo abdomen, quemando a través de l