Él observaba una y otra vez el trozo de papel en sus manos, aquel que revisaba como si se tratara de un juego maniático en el que estaba inmiscuido
Justamente lo que era, por lo que frunció el ceño y dio un fuerte golpe en su escritorio, aquel que estaba rodeando de sus hombres y las familias
Los hombres que no estaban sentados a sus costados, no claro que no, estos estaban de pie, con la cabeza baja, dispuesto a recibir cualquier castigo
Aquello era como un déjà vu, por lo menos para muchos de