Tres años después
―Señor, le juro, le juro que yo…
―No te atrevas a mentirme en mi cara, odio los mentirosos, además de ser desleal y fraudulentos, destentó que me mientan en la maldita cara
El hombre seguir de rodillas, mientras Desmon lo observa con un gesto furibundo, uno que parecía dispuesto a terminar con su vida
a menos que hablara con la verdad, a menos que dijese quién había sido, y solo sin más aceptara su muerte, pero no que buscara excusas
no, claro que no, demos no le gustaban aque