80. Amistad inquebrantable.
Dentro del despacho, el silencio que siguió a las palabras de Abel era denso, pero la tensión inicial ya había menguado; lo que quedaba era una profunda expectación. Lucas miraba al suelo con la mandíbula tensa, procesando el hecho de que su hermanita ya no era la niña que necesitaba ser protegida y que su mejor amigo estaba dispuesto a enfrentarlo todo por ella.
—Está bien —masculló, fijando sus ojos severos en Cooper—. No voy a interponerme entre ustedes, pero no esperes que les dé mi aproba