Un anciano con gafas y el pelo casi completamente blanco llegó al viejo hospital de la ciudad con una mujer en brazos. Estaba asustado, temía que la mujer que tenía en brazos fuera ya muerte.
—¡Socorro! Por favor, ¡ayuda! —Gritó el hombre.
Las enfermeras y los médicos se dieron la vuelta en un movimiento sincronizado. Delante de ellos había un hombre con su jersey gris ya manchado de sangre. La mujer en sus brazos estaba completamente inconsciente. Los médicos y las enfermeras fueron directamen