Mundo de ficçãoIniciar sessãoCristina Salvatierra no soportaba el enojo producido por el atrevimiento de José Luis, ¿Cómo se le ocurría invitar a esos arrastrados a su casa? Eso era inconcebible, nunca imaginó que su casa terminaría convirtiendo en un mercado de verduleros.
Entretanto, su hijo recibía a sus invitados con una sonrisa, los acomodó en las mesas vacías, veinticuatro para ser exactos, bajo la atenta mirada de enfado de doña Cristina. Quien sentía que en cualquier minuto le daría un soponcio.
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