Camila había pasado toda la mañana en su habitación, sentada frente al tocador mientras un pequeño ejército de estilistas la preparaba para el día. Su mente, sin embargo, no estaba en su reflejo ni en los elogios de sus asistentes. Estaba planeando su próxima jugada, una que asegurara que Isabela quedara completamente humillada y, sobre todo, más lejos de Leonardo.
—Hoy tiene que ser perfecto —murmuró mientras se miraba en el espejo, una sonrisa maliciosa curvando sus labios.
—¿A qué se refiere