La mañana se alzó gris, con nubes pesadas que cubrían el cielo como un manto sombrío. Isabela se despertó con una sensación extraña en el cuerpo, un dolor sordo en la cabeza y el estómago revuelto. No era un malestar normal, era más profundo, como si su cuerpo estuviera luchando contra algo que no podía entender. A pesar de haber intentado levantarse y prepararse para el día, pronto se dio cuenta de que no sería posible. Se tumbó nuevamente en la cama, con los ojos cerrados, buscando algo de al