Una verdad dolorosa.
Arturo llegó a casa de Ángela, ella lo esperaba como cada día.
Después de despedirse de su pequeña hija, quién quedaría al cuidado de Mónica su niñera, salió a su encuentro con Arturo, quién se sentía muy intranquilo.
—Hola cariño—lo saludo Ángela.
—Hola hermosa—le contestó él dándole un beso en los labios.
Arturo abrió la puerta del coche para ella, luego subió él. Arturo emprendió su viaje. Después de veinte minutos, Ángela noto que esa no era la ruta hacia la compañía.
—¿A dónde vamos? Esta