La decisión de Mauricio.
Eran las ocho de la mañana y tanto Arturo como Ángela seguían dormidos.
Era evidente que estaban agotados, después de la noche que habían tenido.
En casa de los Fernández, todo era un completo desastre.
Gloria había perdido la cabeza al enterarse de que su amado hijo se había entregado a las autoridades.
—Porque lo permitiste—le gritó Gloria a su esposo.
—Era algo que pasaría en cualquier momento—le contestó él ya cansado de la discusión.
—No eres más que un imbécil—siguió la mujer.
—Mamá, debe