Deseo que sean felices.
En casa de los Fernández, todos se habían quedado en absoluto silencio después de lo ocurrido.
—Ya sabía yo que esa mujer no era más que una desgraciada—dijo Gloria rompiendo el silencio.
—Mejor cállate—le regaño Mauricio.
—No me callaré, no hago más que decir la verdad, no viste que se atrevió a traer a ese hombre a esta casa, eso no habla muy bien de ella—siguió Gloria.
—¿Y nosotros qué?—dijo Mauricio—Y de nosotros que dice todo lo que hemos hecho o más bien lo que tú has hecho.
—Ya paren los