Capítulo 108
SIN SALIDA... Juguemos a pecar
Ninguno de los dos sentía frío, el calor que exudaban sus cuerpos era impresionante y los mantenía sumergidos en una especie de burbuja donde solo podían tocarse y besarse como si nada más importara.
Por fin lo entendía, por fin comprendía que era eso que tanto mantenía a las personas adictas al sentimiento; Mía ya podía afirmar que sabia lo que era el amor, porque se había enamorado perdidamente de su hijastro.
No sabían que hora era, pero tampoco le