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Capitulo 1
SIN SALIDA... Juguemos a pecar
―¡Esto tiene que ser una broma de mal gusto!
Todo el mundo contuvo la respiración, expectantes ante la escena que tenían frente a ellos. Bajo ninguna circunstancia, nadie de la familia Toscano había esperado que algo así pudiera suceder. Era como estar en la escena de una película de terror, o en el menor de los casos, estar dentro de una pesadilla bizarra, en la que nadie tenia el suficiente valor de interferir y mucho menos impedir los gritos que siguieron a continuación.
―¡¿Como pudiste hacer algo asi?!―siguió cuestionando, Erick, sin creer del todo que la persona que veía fuera de carne y hueso―. ¡Jugaste con todos, nos engañaste! ¿Como pudiste mentir con algo asi?
El dolor que sentía por dentro fue reavivándose, intacto como en el pasado para luego transformarse en una ira ciega y lacerante, tanto que la bilis ascendió por su garganta hasta dejar un regusto amargo en su boca; fue inevitable para Erick dar dos pasos al frente y tomar con violencia el brazo de la mujer que por dos años había creído muerta... y que había sido el gran amor de su vida.
―Me estas lastimando ―bisbiseo, Mía, con un ligero temblor; sus ojos grises miraban al suelo plagados de terror, intentando a toda costa contener las lagrimas―. Me estas confundiendo con otra persona.
―¡No mientas más, Lía! ―vocifero, Erick en respuesta, lleno de enojo y decepción; sin embargo, su voz se quebró al final―. ¡ Eres tú, yo lo sé. Todos aquí lo saben también! ¿O no ves como todos te miran?
Los murmullos no se hicieron esperar entre los presentes y era obvio que todos estaban igual de consternados que él, haciendo imposible no expresar su confusión al respecto; para Mía fue demasiado incomodo sentir como sus miradas y sus manos le señalaban con culpabilidad.
Sin embargo, tenia que mantener la falsa y su hermana no era débil como ella; así que esta vez no se podía dejar intimidar por nadie.
―¡Suficiente, Erick!―interrumpió quien hasta ese día había considerado como su padre―. ¡No ves
que estas echando todo a perder por una estúpida confusión!
Erick parpadeo repetidas veces, como si despertara de un gran letargo y retrocedió los mismos dos pasos de antes al ver como la silueta de su padre se interponía entre Lía y él; al mismo tiempo sintió una molestia inquietante al presenciar como el cuerpo de su padre protegía y tocaba con bastante familiaridad a la mujer que fue todo para su vida en el pasado.
―¡¿Pero, tú de que me hablas?!―increpo confundido a más no poder, tirando de sus rizos cenizos―. ¡Como caraj0s dices que estoy confundido si tú mismo la estas tocando! ¡J0der! ¡Ella es, Lía Russo! ¡¿Te vas a casar con mi novia, papá?!
―Se lo que estas pensando, Erick, pero ya te he dicho que se trata de una confusión y nada más.
Miro a la mujer que tenia frente a él y se convenció cada vez más de que no podía tratarse de una ilusión, las personas que estaban ahí con ellos daban fe de eso, sus rostros contrariados, sus murmullos llenos de acusaciones e hipótesis al respecto; lo que estaba sucediendo era real, no podía tratarse de una confusión.
―¡No! ―difirió una vez más, Erick entre dientes para no gritar―. Me dices que estoy confundido, ¿a mi, que estoy viéndote ahí parado justo al lado de la que se suponía era mi prometida muerta? Yo creo que eres tú quien esta mal de la cabeza, padre. Además, ¡¿cómo explicas que era Lía la misteriosa mujer con la que ibas a casarte?!
―¡Que voy a casarme! ―Reviro con altivez y le dedico una pequeña sonrisa tranquilizadora a la chica que se había quedado en segundo plano y que parecía querer salir huyendo cuanto antes de ese lugar donde todos la miraban con rechazo―. ¡Todos vuelvan a sus lugares para que podamos comenzar la ceremonia!
―No puedes seguir adelante con esto, Lorenzo. ¿A qué demoni0s estas jugando?
El patriarca de la familia Toscano le dedico una mirada aprensiva a su hijo y tocando las solapas de su traje blanco, dejo dos palmadas en su pecho seguidas de un toque fraternal en sus mejillas, siendo esa su forma de dar por cerrado el asunto .
―Sera mejor que vuelvas a tu lugar, hijo. Ya te explicare todo con más calma.
―¡No puedes pedirme eso!
Erick se zafo del agarre de su padre e intento acercarse a la chica que él creía era Lía, sin embargo Lorenzo frustro sus intensiones.
―No te estoy pidiendo nada, Erick. Te lo estoy ordenando ―sentencio con voz estridente, ya que su paciencia había llegado al limite―. ¡Ahora si señor juez, ya podemos comenzar!
Las personas aun consternadas por la situación, no dudaron ni un segundo en acatar las palabras de Lorenzo Toscano; una parte por miedo y otra parte por querer alimentar su egoísta morbosidad al respecto.
Erick estaba tan confundido como el resto de las personas que se dejo guiar como si fuera un niño pequeño por el brazo por uno de los guardaespaldas de su padre, quien lo condujo a su lugar, muy cerca del altar, para que pudiera presenciar sin derecho a replica como un fantasma del pasado se convertía en la nueva señora Toscano.
Un fantasma que tenia su corazón tan acelerado que no podía distinguir si era por el amor de antaño o por el odio que fulgía con fuerza en su interior.
Por otro lado, Lía Russo no podía parar de temblar por dentro, aun cuando sentía el respaldo firme de la mano que sostenía su cintura con fuerza, aparentando un amor incondicional que no existía porque simplemente, ella no era Lía.
Los veinte minutos que duro la ceremonia civil fueron una completa tortura, tanto para Erick que seguía sin poder asimilar lo que ocurría, tanto para la chica vestida de novia en el altar. Era una situación asfixiante y por demás humillante para ella, sin embargo no podía hacer otra cosa que seguir adelante y fingir la mejor de sus sonrisas, aun cuando por dentro gritaba de desesperación y se moría de ganas por salir corriendo de ese infierno.
El tiempo se detuvo y el aire, a pesar de estar en un hermoso jardín lleno de arboles, se volvió tan denso y tirante, tanto que si alguien quería podía cortarlo con un cuchillo, justo en el momento que el juez de paz se apresuro a hacer las preguntas de rigor a los novios y no por lo que obviamente debía decir en estos caso, sino por el nombre que pronuncio a continuación.







