Narrador Omnisciente.
En la aparición de la aurora de la mañana, la duquesa despertó estrujando sus ojos y aun sintiendo sueño, espantó toda esa pereza y se sentó encontrando que no estaba en su cama, sino en la de su esposo.
«No estaba soñando», se respondió a sí misma internamente, ya que suponía que lo sentido la noche anterior había sido producto de un sueño.
Respiró profundamente y miró al otro lado de la cama, encontrando que él no solo se había ido, sino que la parte en la que se supone