Narrador Omnisciente
Anastasia se acostó con el cuerpo caliente, quería dormirse, pero el sueño no la vencía porque al cerrar los ojos lo que llegaba a su mente eran las imágenes del ardiente beso que le propinó su marido. Sus mejillas volvían a enrojecerse y una sensación extraña se arremolinaba en su estómago.
Respiró profundo y comenzó a contar ovejitas; su padre le decía que eso era infalible para caer rendido ante Morfeo. Pero ella ya iba por la 680 y nada de querer dormirse. Luego de una