POV ADRIANA
Seis semanas después de su nacimiento prematuro llegó el día que había estado esperando.
—Mateo puede irse a casa —anunció la doctora Chen con una sonrisa.
—¿De verdad? —pregunté sintiendo lágrimas inmediatas.
—De verdad, alcanzó tres kilos, respira perfectamente solo, mantiene su temperatura, come bien, está listo.
Damián me abrazó mientras yo lloraba de felicidad pura.
—Finalmente —dije contra su pecho.
—Finalmente.
Pasamos el día firmando papeles de alta, recibiendo instrucciones