Capitulo XLIV

Entonces Merida ya no pudo contenerse, comenzó a llorar como tanta falta le hacía, pasó sus brazos por la cintura de Apolo, él la sostuvo como si de no hacerlo ella fuera a caerse, y luego sintió sus labios en la coronilla de su cabeza.

_ Lo siento_ dijo ella.

La calidez del cuerpo de Apolo comenzaba a entrar en la piel de la joven, mientras sus lágrimas colgaban en sus pestañas, y repentinamente ella sintió una urgencia de aferrarse a él, saboreando su olor embriagador de las montañas, intent
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