Capitulo XLIII

El cuerpo de Apolo comenzó a calentarse, sosteniéndole la mirada un momento, y vio como ella humedecía sus rosados labios con la lengua, haciendo que la respiración de él se entrecortara, él entonces se levantó y se encaminó para continúar con su trabajo.

Merida era su responsabilidad, no podía pensar en ella de otra manera que no fuera en familia. Pensó Apolo mientras se alejaba de ella.

Después de preparar el desayuno Merida decidió excursionar un poco, y también se moría de ganas de probar l
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