Capítulo ciento treinta y dos. Un minuto más.
— — — — Narra Amy Carlson — — — —
El reloj de la pared marcaba las 10:12. Lo sabía porque no podía dejar de mirarlo. No porque estuviera esperando el pastel —bueno, un poco sí—, sino porque necesitaba comprobar que el tiempo seguía. Que todo avanzaba. Que no estábamos atrapados en una especie de pausa infinita.
El silencio del hospital era distinto cuando estabas sola. Más profundo. Más denso. Como si los muros susurraran cosas que uno no quería esc