—No me diste tiempo —dijo. Luego rió cuando ella bajó las manos.
—¡Oye! —gruñó con voz ronca—. ¡Estás tocando una zona delicada ahí!
Katherine retiró las yemas de los dedos y las deslizó sobre sus caderas duras como el acero. —Me gusta tocarte, Jensen. De hecho, me encanta —dijo, acariciándole las nalgas—. Esta es una parte fascinante de tu anatomía. Se ve genial con unos vaqueros ajustados. Podrías posar para un calendario de chicas pin-up... Uno de esos sexys con el pecho desnudo y velludo y