Katherine se inclinó y rozó sus labios con los suyos. Era un hombre guapísimo, un magnate de los negocios, y era suyo. Pero a veces, le encantaba desafiarlo. Eso producía consecuencias muy interesantes.
—¿Qué fue eso? —exclamó él—. Tus besos han mejorado muchísimo desde el accidente, pero ese beso seco no cuenta. Creo que voy a olvidarme de que estamos en un avión y darte un beso de verdad —bromeó.
El bostezo de Katherine provocó que él frunciera el ceño. Ella se disculpó con una sonrisa. —Solo