—Oh. Supongo que has decidido hacerlo aquí ya que no podemos salir. Tenemos que esperar a que Tim vuelva a casa —dijo Katherine mientras Jensen ponía la música.
Él asintió. —Sí, lo sé. Menos mal que podemos bailar en cualquier sitio.
Sus palmas rozaron la curva de su cuerpo desde el hombro hasta la cadera, y luego la estrechó con fuerza en un abrazo. Katherine se acurrucó contra sus hombros.
—Mi señora —murmuró él.
Sus pies apenas se movían al ritmo de la música. Katherine se dejaba llevar por