Estaba tan cerca que ella solo podía oler su aroma. Sus palabras eran provocativas, pero sus ojos... bueno, no tanto. Había en ellos una intensidad para la que no estaba preparada. Tragó saliva con dificultad. No tenía escapatoria si retrocedía. Y maldita sea, no quería retroceder.
—Eh... De acuerdo. —Se giró rápidamente y sacó los platos del armario—. Yo los sirvo, tú puedes servir. ¿Te parece bien? —preguntó.
Su voz era un poco aguda y su mano un poco temblorosa, así que los platos chocaron e