—Rufus, vamos, muchacho —silbó Jensen llamando al perro. Al cabo de un instante, este regresó corriendo con el palo en la boca. Jadeaba, con los ojos expectantes, esperando que se lo lanzara.
—¿Crees que no tengo nada más que hacer, verdad? —preguntó, mientras le acariciaba el cuello al perro. Su mente divagaba. Se suponía que pronto estaría en casa de Katherine.
El perro le ladró.
—Lo siento. Lo olvidé —dijo—. Tú también tienes tus prioridades, ¿no? —Arrojó el palo y sonrió mientras el perro l