Katherine comió con tenacidad lo que le pusieron delante, le aseguró a Kate que la comida estaba buenísima sin saber si lo estaba o no, forzó respuestas adecuadas a la charla general en su mesa y sonrió cuando se esperaba una sonrisa.
Estuvo sentada durante los discursos sin oír una palabra, aunque su mirada permanecía fija en cada orador como si escuchara con avidez. Pero por dentro se moría, ahogándose en un mar de dolorosa confusión y frustración. Solo podía esperar que nadie se diera cuenta