#40: Nora
Maya cierra la puerta tras de sí con un suave clic que resuena más fuerte de lo normal en la pequeña habitación sin aire. La luz del pasillo ilumina un instante su rostro antes de que la puerta nos sumerja de nuevo en la penumbra, dejando solo el tenue resplandor de una única bombilla empotrada en el techo. No se mueve de inmediato. Se queda ahí de pie, con los brazos sueltos a los lados, observándome como si esperara a que yo alcanzara algo que ella ya había entendido meses atrás.
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