LA CONDENA

La única pista que nos podría llevar hasta Mía dependía de una japonesa bien adoctrinada y un italiano presuntuoso a quien odie desde el primer momento que clavé mis ojos en él. A pesar de que los teníamos retenidos y amordazados en un sótano en el corazón de Tokio, la italiana por mucho empeño que puso, juro que más que empeño lo que la ml si era la venganza hacia aquellos dos, los torturo, no quise saber ni cómo, ni cuánto. Una semanas

después, al ver que obtenía resultados, me presenté en aquel sótano. La pareja estaba llena de sangre, había sido fuertemente golpeados, con la,cara desencajada el italiano sonrió al verme. Al contrario que la japonesa, quien no disimuló su miedo, supuse que ella sabía quien era yo. Me acerqué a ellos.

- Solo voy haceros una pregunta. Quien de los quiere morir primero? - ella bajo la mirada, él seguía sonriendo. No podía matar al italiano, eso era cosa de Nicolasa, pero ella, ella era una mujer despiadada, con múltiples cargos a sus espaldas, asesina
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