Escuchar la voz de Mía cada día, era para mi una inyección de adrenalina diaria, a su vez mis sentimientos eran contradictorios, conocía a Mia mejor que a mi mismo, pese a que su voz sonaba firme y tranquila, las pausas mientras hablaba, la excesiva suavidad de su tono de voz, pequeños detalles que solo yo podía descifrar.
La llegada de la italiana a Moscú, con las malas noticias que portaba, hicieron que todos mis planes se adelantasen, en el fondo, yo mismo sabía que todo era una excusa, nece