—Imposible —Mis labios hicieron una mueca de enojo, tome por el cuello a ese ser y lo golpee contra el suelo—... ¡Di la verdad! ¡Habla!
—Es la verdad —Su voz sonada ronca por el golpe y mi apretón—. Todos fueron mandatos de la diosa Selene. Su mensajero lo aseguro.
—¿Mensajero? ¿¡Quien es ese!? ¡Contesta!
—Es...
Su cuerpo se descomponia con mayor ímpetu.
—No, no —Ni siquiera pudo pronunciar una letra del maldito nombre, se hizo polvo en el momento que lo solté—... ¡NO! ¡MALDITA SEAS!
Esto no po