—Buenos días —digo al llegar a la cocina, donde Ángela me pasa un vaso de jugo de naranja—. Gracias —le digo con una sonrisa.
—Buenos días —escucho esa voz detrás de mí, erizando mi piel, donde siento un beso en mi mejilla—. ¿Estás lista, hermosa, para ver por primera vez a tu hijo?
—Sí —le contesté con una sonrisa, dejándole un beso en su mejilla también.
Después de media hora, estamos llegando al consultorio de la obstetra.
Sebastián me ofrece su mano y la tomo con gratitud, sintiendo su pres