Después de lo que pasó con Erika, todo volvió a la normalidad. Pero cuando fui al baño, la encontré llorando. Se me rompió el corazón, así que me acerqué y la abracé —"¿Estás bien?" le pregunté.
—"Sí", me respondió limpiándose sus lágrimas.
—"¿Qué pasa, Erika?" —le pregunté en un susurro—, "Si te cuento, ¿no se lo dices a nadie? Puedo confiar en ti, María."
—"Vamos a la cafetería de la esquina", le dije levantando una de mis cejas. Ella me miró con una sonrisa y aceptó ir conmigo. Llegamos, nos