Primera mujer a la que reclamé.
Capítulo sesenta y ocho
Punto de vista de Roman
El coche permaneció en silencio hasta que llegamos al hotel. Después de su encuentro con la anciana, había estado actuando de manera extraña. Todos mis intentos por animarla fueron en vano y se negó a decirme lo que aquella mujer le había dicho.
Le tomé la mano mientras caminábamos hacia el hotel. Le temblaba incluso cuando la sujetaba con fuerza. Su rostro estaba tan pálido que el miedo se reflejó en el mío, y podía sentir la tensión apoderándos