Capítulo 34. Astrid Sheldon
«Leviatán.»
Astrid se estremeció y su corazón latió acelerado cuando el nombre se repitió en su cabeza. No estaba soñando, ¿verdad? Ese hombre delante de ella no era el producto de su imaginación.
—Señora Marshall —le susurró Leviatán. El íncubo trató de entrar a la mente de Astrid, pero le fue imposible. Existía una barrera que no le permitía tener acceso, eso como consecuencia de haberle manipulado los recuerdos o era lo que creía.
—Lo siento, señor Bennett —se disculpó. Astrid lo invitó a se