DÍAS DESPUÉS
–Espero que la oferta que nos trajiste hasta este rincón podrido de la metrópoli valga verdaderamente la pena, Bianca –rompe el silencio El Carnicero, apoyando ambas manos sobre la superficie metálica mientras se inclina hacia ella con actitud amenazante. – Porque sabes perfectamente bien que nosotros no nos movemos por encargos menores ni arriesgamos el cuello por simples pleitos de faldas entre la alta sociedad de esta mafia.
–Les garantizo que la cifra que vine a poner sobre es