Sebàstian se tensó, su cuerpo entero se puso rígido, salto de la cama en un brusco movimiento y se colocó rápidamente su pantalón de pijama.
No, no podía ser, Gilliam no podía haberse atrevido a pronunciar aquellas palabras...
—Sebàstian... detente, por favor...—sin siquiera prestar atención a las palabras de la pelirroja, se dirigió a la puerta corrediza que separaba la habitación del pequeño porche que daba acceso a la piscina. Respiraba aceleradamente y sentía frustración, demasiada frustra