—¡Oh, Dios mío! ¿Dónde puede haberse metido? —dijo lady Sheanes, desfallecida en el sofá de su salón—. Mis sales, necesito mis sales.
Emily, por primera vez, se encontraba tanto o más nerviosa que su tía.
—No lo comprendo —dijo la muchacha—. No sé por qué se ha marchado de ese modo. Tiene que haber una explicación razonable para todo esto.
—¡¿Una explicación razonable?! —aulló la dama—. Nada de lo que hace tu hermana es razonable, nunca lo ha sido y estoy segura de que ahora tampoco lo es. ¡