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Emma se sentó en la cafetería leyendo los documentos de Sophia durante más de una hora.
Las pruebas eran contundentes.
Richard había pagado a la madre adoptiva de Sophia cincuenta mil dólares en 1992 mediante un contrato que establecía que nunca intentaría ponerse en contacto con ella.
Había renovado aquel acuerdo cada cinco años, aumentando la cantidad de dinero en cada ocasión.
Cuando murió, había pagado casi medio millón de dólares para mantener a So